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| 20/6/2012 | ||||||||||||||||||||||
EDITORIAL |
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Hacerlo bien, será mejor |
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Que estemos en disposición de regular la migración extranjera en el país es algo útil y positivo. Hacerlo en base a las disposiciones legales y atendiendo a procedimientos ágiles y modernos ayudará a salvar muchos inconvenientes, y, sobre todo, a lograr el objetivo deseado. En el caso de la República Dominicana hay que admitir que el tema no es tan fácil como pudiera parecer. Lo primero es que hemos dejado crecer este tema tanto que su regularización se encuentra con múltiples escollos cuando se choca con la realidad. El tema migratorio dominicano tiene en el caso de Haití un aspecto muy particular. Miles de haitianos han entrado al territorio nacional sin ningún control. Lo han hecho en muchas ocasiones con la complicidad de las propias autoridades y de personas que se dedican al tráfico para traerlos a puntos centrales del país, para que desde ahí se vayan estableciendo en distintos lugares y en diferentes actividades. En esa dinámica se han ido haciendo ciudadanos con familias, que hacen trabajos de agricultura, construcción y venduteros. También trabajan en el turismo, en la seguridad y en el servicio doméstico. Algunos dan lástima pidiendo en las esquinas. Mujeres y niños se dedican a pedir en esos lugares. Y así se han ido haciendo parte de nuestra realidad. Miles estudian en el sistema educativo nacional, en la educación básica y también en la universitaria. Identificar esos lugares donde operan esas personas es, sin duda, la mejor manera de localizar a todo el que tenga que someterse al procedimiento de legalizar su status en el país. Para hacer esto y que quede bien tenemos que cuidar la forma. Es un tema muy sensible por la condición humana, dentro y fuera del país.
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