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| 3/8/2012 | ||||||||||||||||||||||
EDITORIAL |
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Nuestros problemas son viejos y en consecuencia muy bien conocidos. Sus posibles soluciones han sido igualmente muy barajadas en distintos gobiernos, pese a que seguimos con los mismos temas como una especie de círculo vicioso. Ha sido tanto lo que hemos cedaceado algunos de ellos que hemos llegado al punto en que nos hemos acostumbrados a vivir con ellos. En esa dinámica hemos venido dándonos soluciones individuales. Si hablamos del sistema energético nacional, sería extraño encontrar una empresa, oficina y los hogares que no tengan, además del sistema de energía, un inversor y una planta eléctrica. Cada quien la tiene en su propia dimensión. Quienes pueden lo hacen de manera profesional, y en los sectores populares puede ser una batería la que sustente la posibilidad de encender una televisión o un bombillo para iluminar el espacio donde viven. Es mucho lo que tenemos que hacer, como para que las cosas anden en la única cabeza de un hombre. El extinto presidente Joaquín Balaguer acostumbró al país al misterio del poder y así mantenía en vilo a todo el país como en una especie de circo. Nuestros presidentes han copiado esa práctica como asociada a la naturaleza del poder. Nos hemos llegado a creer que esa es una virtud de quien la cultiva. Y habría que pensar que quizás eso sería lo que justamente tendría que cambiar, si en verdad queremos provocar una transformación en la manera de gobernar el país y conseguir mejores resultados para dar soluciones a nuestros problemas que ya son históricos. Que el presidente electo Danilo Medina haya sido tan hermético con los temas del próximo gobierno pudiera no ser una buena señal. Con tantos asuntos por delante, hace rato que hemos debido ir trabajando.
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